How a cooperative created protocols, manuals, and alliances to defend waves, beaches, and marine life while driving a sustainable coastal model
The Oaxacan Pacific coast, with its more than 324 miles of shoreline, is internationally recognized for the quality of its waves, its pristine landscapes, and its invaluable biological wealth. Key destinations such as the Bahías de Huatulco and the Isthmus of Tehuantepec region attract nearly one million visitors annually—ranging from established athletes to enthusiasts driven by the consolidation of surfing as an Olympic sport. However, this tourism dynamism and the pressure generated by real estate and port development have triggered environmental alarms. Unregulated intervention along the coastline threatens fragile ecosystems like the Huatulco reef system—habitat for sea turtles, dolphins, diverse fish species, and the iconic purple sea snail (Plicopurpura pansa)—putting both marine biodiversity and local livelihoods at risk.
In response to these challenges, the local community decided to take the initiative. In March 2025, a collective of 14 local surfers, ocean guides, and surf camp operators with over 20 years of experience in the region founded Cooperativa Surf Huatulco. Their goal was to create their own coastal governance model that united environmental protection with the professionalization of tourism offerings, proving that community development and marine conservation are fully compatible goals.
To operationalize this vision, the cooperative drafted a comprehensive Operational Processes Manual designed to safeguard more than 11 priority surf ecosystems in the region, including Playa El Arenal, Playa El Coyote, Playa El Mojón, Playa Mahahual, Barra de la Cruz, Playa Grande, Playa Mazcalco, El Rancho, La Jolla (El Faro), Playa Las Garzas (Punta Panic), and the renowned Playa La Bocana. This instrument establishes clear parameters for managing surf zones, visitor and specialized lodging operations, guiding services, transparent administration, sustainable community relations, and the implementation of strict safety and emergency response protocols.
As Erik Velasco, president of Cooperativa Surf Huatulco, points out, the heart of the project lies in the cooperative principles of solidarity, mutual aid, and internal democracy. The objective is clear: to improve the quality of life for local populations by guaranteeing safe, responsible, and ecologically high-value tourism services.
This community-based management model has rapidly transcended Huatulco’s borders to become a regional movement. In May 2026, inspired by STW track record in Punta Conejo and the establishment of the WSR in Puerto Escondido, the cooperative formalized a joint initiative with STW to integrate its 11 beaches into an interconnected network of surf protected areas.
This synergy has brought together a diverse group of key stakeholders across the Oaxacan coast. Notable participants include the Bajos del Arenal Women’s Cooperative and the residents of El Mojón, who are moving forward with community land-use planning to protect lagoons, estuarine systems, and mangroves, as well as consolidating sea turtle conservation camps. Likewise, surfers from Salina Cruz, the Puerto Escondido World Surfing Reserve, and Operadora Turística del Istmo (OPTUR) have joined this collective effort.
The Oaxacan experience lays the groundwork for a national surf ecosystem protection strategy in the Mexican Pacific. By transforming a passion for sports into a tool for public policy and environmental action, coastal communities are proving that collaborative work and a sense of belonging are the most effective forces for defending the ocean, protecting their livelihoods, and ensuring the sustainability of the coastline.
Surf, Solidaridad y Sustentabilidad: El Proyecto de la Cooperativa Surf Huatulco
Cómo una cooperativa creó protocolos, manuales y alianzas para defender las olas, las playas y la vida marina e impulsar un modelo costero sostenible
La costa del Pacífico oaxaqueño, con sus más de 522 kilómetros de litoral, es reconocida internacionalmente por la calidad de sus olas, sus paisajes vírgenes y su incalculable riqueza biológica. Destinos clave como las Bahías de Huatulco y la región del Istmo de Tehuantepec atraen anualmente a cerca de un millón de visitantes, entre deportistas consagrados y entusiastas impulsados por la consolidación del surf como deporte olímpico. Sin embargo, este dinamismo turístico y la presión generada por el desarrollo inmobiliario y portuario han encendido las alarmas ambientales. La intervención desordenada en el borde costero amenaza ecosistemas frágiles como el sistema arrecifal de Huatulco —hábitat de tortugas, delfines, peces diversos y del emblemático caracol púrpura (Plicopurpura pansa)—, poniendo en riesgo tanto la biodiversidad marina como el sustento de las familias locales.
En respuesta a estos desafíos, la comunidad local decidió tomar la iniciativa. En marzo de 2025, un colectivo de 14 surfistas locales, guías de mar y operadores de surf-camps con más de 20 años de trayectoria en la región fundó la Cooperativa Surf Huatulco. Su objetivo fue crear un modelo propio de gobernanza costera que uniera la protección ambiental con la profesionalización de la oferta turística, demostrando que el desarrollo comunitario y la conservación marina son metas plenamente compatibles.
Para operacionalizar esta visión, la cooperativa elaboró un exhaustivo Manual de Procesos Operativos diseñado para salvaguardar más de 11 ecosistemas de surf prioritarios en la región, entre los que destacan Playa El Arenal, Playa El Coyote, Playa El Mojón, Playa Mahahual, Barra de la Cruz, Playa Grande, Playa Mazcalco, El Rancho, La Jolla (El Faro), Playa Las Garzas (Punta Panic) y la renombrada Playa La Bocana. Este instrumento establece parámetros claros para la ordenación de las zonas de surf, la gestión de visitantes y hospedajes especializados, los servicios de guianza, la administración transparente, las relaciones comunitarias sostenibles y la implementación de protocolos estrictos de seguridad y respuesta ante emergencias.
Como señala Erik Velasco, presidente de la Cooperativa Surf Huatulco, el corazón del proyecto radica en los principios de solidaridad, ayuda mutua y democracia interna. La finalidad es clara: elevar la calidad de vida de las poblaciones locales garantizando servicios turísticos seguros, responsables y de alto valor ecológico.
Este modelo de gestión de base social ha trascendido rápidamente las fronteras de Huatulco para convertirse en un movimiento regional. En mayo de 2026, inspirados en los antecedentes de (STW en Punta Conejo y en el establecimiento de la WSR en Puerto Escondido, la cooperativa formalizó un trabajo conjunto con STW para integrar sus 11 playas en una red articulada de áreas protegidas de surf.
Esta sinergia ha convocado a una diversidad de actores clave en la costa oaxaqueña. Destaca la participación de la Cooperativa de Mujeres de Bajos del Arenal y los habitantes de El Mojón, quienes avanzan en la formulación de ordenamientos territoriales comunitarios para proteger lagunas, sistemas estuarinos, manglares y consolidar campamentos de protección a la tortuga marina. Asimismo, se han integrado a este esfuerzo colectivo los surfistas de Salina Cruz, la Reserva Mundial de Surf de Puerto Escondido y la Sociedad Cooperativa Operadores Turísticos del Istmo (OPTUR).
La experiencia oaxaqueña sienta las bases para una estrategia nacional de protección de ecosistemas de surf en el Pacífico mexicano. Al transformar la pasión deportiva en una herramienta de política pública y acción ambiental, las comunidades costeras están demostrando que el trabajo colaborativo y el sentido de pertenencia son la fuerza más efectiva para defender el océano, proteger sus medios de vida y asegurar la sostenibilidad del litoral.
